lunes, 4 de febrero de 2013

Mitos chinos: El origen de la seda



      El Libro de los montes y los mares nos dice que "En una zona despoblada al este del País de los Hombres que Caminan de Puntillas hay una mujer de cuya boca sale la seda." Se la ve "arrodillada y apoyada en un árbol con la seda saliéndole por la boca".

      Sin embargo, es quizá en las Historias de espíritus y deidades, 14, donde se nos dan detalles de este singular caso: "Cuenta una vieja historia que en la más remota antigüedad tuvo el jefe de una tribu que abandonar la aldea y dejó al cargo de su hija, su única familia, la alimentación de su caballo.


      La soledad y la tristeza en que quedó ella le hicieron añorar tanto a su padre que se lamentó un día en alta voz frente al caballo: 

      — ¡Ay, si alguien me trajese de vuelta a mi padre, me casaría con él!

      El caballo resolvió hacer lo que ella había dicho. Rompió las bridas que lo ataban en el establo y se fue, sin detenerse una sola vez, hasta donde estaba su dueño. Éste se llenó de júbilo al ver a la cabalgadura llegar, pero no menos de extrañeza al ver que le daba muestras de tener la intención de recogerlo y de llevarlo de vuelta a casa desandando el camino andado, y que relinchaba lastimosamente: 

      — No entiendo por qué hace esto este caballo. ¿Habrá pasado algo en casa?

      El padre montó en cuanto pudo y cabalgó de regreso al hogar.


      Poco comunes fueron los deseos del caballo a partir de entonces: si por un lado se negaba a comer el pienso que se le daba, lo que hacían con especial frecuencia y en gran cantidad, por otro, cada vez que veía a la muchacha entrando y saliendo de la casa, relinchaba con sonido de lamento y de protesta, y no relinchó una sola vez. 

      Como aquello acabara por causar recelo en el padre, preguntó a la hija muy secretamente y ella le contó, con todo detalle, lo que había sucedido. 

      —No se lo cuentes a nadie —ordenó el padre—, o la vergüenza caerá sobre nuestra familia. Y no vuelvas a salir al corral. 

      Tomó el arco, unas flechas, y mató al caballo a flechazos. Luego puso la piel a curtir en el corral. Y volvió a irse. 

Representación pictórica de las caravanas de la Ruta de la Seda


      La hija, un día que estaba con una vecina, se puso a dar de pisotones a la piel del caballo, diciendo: 

      —¡Toma y toma, mira cómo has quedado, todo despellejado y degollado, para que aprendas a querer casarte con una mujer siendo un animal!

      Aún no había terminado de proferir aquella frase cuando la piel del caballo se levantó súbitamente y la enrolló. La vecina se quedó paralizada de terror y azoramiento; no atreviéndose a intentar liberar a la otra, salió corriendo a avisar a su familia, pero cuando llegaba de vuelta con su padre, la piel del caballo ya había desaparecido con la hija. 

La célebre Ruta de la Seda marcada en línea roja


      Al cabo de bastantes días la hija y la piel del caballo arribaron a un árbol enorme, y se transformaron en dos gusanos de seda que se quedaron tejiendo entre las ramas de aquel árbol, y el filamento que producían era grueso, largo, completamente diferente del que producían los demás gusanos de su misma clase. 

      La vecina los recogió, les dio de comer y los cuidó. Y a aquel árbol se le empezó a llamar 'el árbol de la morera' y 'el árbol de la muerta'."


      Si deseas conocer otros dos relatos míticos chinos sobre el origen de la seda, te invitamos a visitar el blog Follalcauciles. Sericicultura en las Españas, donde podrás disfrutarlos: http://follalcauciles.blogspot.com/2010/12/tres-cuentos-chinos-i.html y http://follalcauciles.blogspot.com/2010/12/tres-cuentos-chinos-iii.html



gusanos de seda



Tomado de: Gabriel García-Noblejas Sánchez-Cendal (ed.). (2004). Mitología china clásica. Madrid: Trotta y Edicions de la Universitat de Barcelona. 


Mitos chinos: El Conde Yu y las montañas que se mueven



      Se dice en el Libro del maestro Lie que "Los montes Taixing y Wangceng, cuya superficie era de setecientas leguas y cuya altura llegaba a los dieciséis mil metros, estaban situados entre la parte sur de la región de Yi y la parte norte de la comandancia de Heyang, justo enfrente del monte que había elegido el Conde Yu de afincamiento. Para este conde, nacido en las montañas del norte y que tenía ya unos noventa años, los susodichos montes no dejaban de representar un obstáculo que obligaba, a él y a su prosapia, a dar un gran rodeo para poder entrar y salir al suyo, de suerte que decidió el conde convocar una junta de familias en la que formuló el siguiente plan: 

      —¿No podríamos unir fuerzas, aplanar tan accidentado terreno y abrir un paso franco hacia el sur por el que podamos pasar hasta la orilla norte del río Han?

      La propuesta fue recibida con aprobaciones varias. Pero su misma mujer ofreció la siguiente duda: 

      —¡Ay, si al menos esas fuerzas pudieran reducir el pequeño cerro de Kuifu, entonces acaso podrían con los montes Taixing y Wangceng! Pero, además, ¿qué hacer con la tierra y con las rocas?

     — Lo tiraremos todo al final del mar de Bo —contestó la junta—, a la zona de Tierras-Ocultas.


     Tres eran las generaciones de hombres que podían cargar el peso sobre sus hombros, a saber, la del propio conde, la de sus hijos y la de sus nietos, de modo que entre todos fueron sacando las rocas, abriendo socavones, rastrillándolo todo y transporándolo hasta el confín del mar de Bo. Incluso un niño huérfano, hijo de la viuda de un hombre llamado Jing, con los dientes de leche recién mudados, al ver que había hombres yendo y viniendo, fue a ayudar con toda su buena disposición, y regresó cuando cambiaba la estación del frío al calor. 

      Pero un anciano sabio llamado Hequ, riéndose de todos ellos, les detuvo advirtiéndoles: 

      — ¡Ay de vosotros, insensatos! ¿No veis que aunque dedicaseis todas vuestras fuerzas durante años y años a este empeño no lograríais mover el monte ni un pelo, ni su tierra ni sus rocas?

      —Sois firme —admitió el conde Yu tras un largo suspiro—, de una firmeza inamovible, pero eso no tiene parangón con la suavidad del hijo de esa mujer. Porque, aunque me llegase la muerte, mis hijos siguirían vivos, y éstos engendrarían a mis nietos, y mis nietos a mis bisnietos, y éstos a su vez tendrían más hijos y más nietos y éstos más bisnietos inacabadamente, mientras que la montaña no habría ido en aumento. ¿Cómo pues, podría ser que no acabase aplanada por nosotros?

      Y Hequ, el anciano sabio, no supo qué replicar. 


      Los dioses que sostienen las serpientes con los dedos oyeron el diálogo y, temiéndose el fracaso de la empresa del conde, conmovido por la fe del conde, mandó al patriarca Kuae con sus dos vástagos que se cargasen a hombros aquellos dos montes y los depositasen en la parte oriental de la región de Shuo el uno y en la parte más sur de la de Yong el otro. Y así es como apareció de repente un pico al sur del río Yi y otro al norte del río Han."

     "Acerca de la movilidad de las montañas y de su explicación se conserva un texto muy revelador en Historias de espíritus y de deidades; dicen los primeros párrafos: 'En los remotos tiempos del rey Jie de la dinastía de los Xia, desapareció el monte Li. Luego, en tiempos del emperador Shihuang de la dinastía Qin, desaparecieron las tres islas del Imperio en que moraban los inmortales, a saber: Penglai, Fangzhang y Yingzhou. Más adelante, en el año trigésimo segundo del rey Xian de la dinastía Zhou, desapareció el templo al espíritu local —con las montañas que lo rodeaban— en la zona de Daqiu, en lo que era entonces territorio del estado de Song. Y ya en los últimos años del emperador Zhao de la dinastía Han, en las zonas de Chenliu y Chanyi, desaparecieron los templos de los espíritus locales con los montes en que se hallaban'. En Casos extraordinarios Jing Fang anota a este respecto: 'Que los montes cambien a hurtadillas de lugar es augurio de desórdenes y de guerras por toda la tierra, y de estrago de países.' Otro caso de un monte que cambió de lugar es el del monte Extraño, el cual se hallaba originalmente en medio de un lago en la subprefectura de Dongwu (prefectura de Langya). (...) Pero no es el único caso. Otro semejante se dio en la zona de Jiazhou, uno de cuyos montes se fue a la prefectura de Qu, en la zona de Qinzhou; por desgracia, ignoramos la fecha exacta en que ocurrió. Sea como fuere y cuando fuere, que los montes cambien de lugar es señal anormal que augura calamidades. 

      Según el Libro de la dinastía Shang, 'Los calderos de Jin': 'Que los montes cambien de lugar es augurio bien de que los monarcas obrarán sin rectitud y sin justicia y de que los altos cargos del Gobierno serán concedidos a hombres desleales, bien es augurio de que el poder pasará a manos de los antiguos señores, por lo que perderán los monarcas el control sobre la administración de las penas y los castigos de la Justicia y, en consecuencia, proliferarán los casos de grandes casas privadas que medrarán a costa de las arcas del Estado, y se llegará, en cualquier caso, a una situación que o es corregida al punto o trae consigo la caída de la dinastía o del emperador en cuestión'". 



Tomado de: Gabriel García-Noblejas Sánchez-Cendal (ed.). (2004). Mitología china clásica. Madrid: Trotta y Edicions de la Universitat de Barcelona. 



domingo, 3 de febrero de 2013

Mitos chinos: Kuafu



      Se nos cuenta en el Libro de los montes y los mares que "En las Grandes Tierras Baldías había un monte llamado Chengdu Zaitian en el que vivía un hombre que solía colgarse dos serpientes amarillas de adorno en las orejas y llevar dos serpientes amarillas aferradas en las manos; se llamaba Kuafu y era descendiente de Xin, quien, a su vez, lo era del Señor del Suelo. 


      En cierta ocasión, Kuafu, ignorante del límite de sus fuerzas, echó a andar queriendo llegar al lago Yu para atrapar al sol en el momento en que iba a ponerse por allí. En eso estaba cuando sintió sed. Fue a beberse el río Amarillo, mas decidió ir al Gran Lago, pues seguía sediento. Murió antes de haberlo alcanzado." 

      Más adelante, en el mismo texto, se dice que "Cuando estaba Kuafu persiguiendo al sol, llegó a acercársele tanto que entró en su aura y sintió sed y quiso beber. Se bebió toda el agua del río Amarillo, y luego toda el agua del río Wei. Aun habiéndose bebido el río Amarillo y el Wei, seguía sediento, de suerte que se dirigió hacia el norte con la intención de beberse también el Gran Lago, mas, antes de haber llegado a él, aún a medio camino, moría. Su bastón, que cayó al suelo, se transformó en el bosque Deng."





Tomado de: Gabriel García-Noblejas Sánchez-Cendal (ed.) (2004). Mitología china clásica. Madrid: Trotta y Edicions de la Universitat de Barcelona. 

Mitos chinos: Xingtian, el Incompleto



       El Libro de los montes y los mares relata que "Xingtian atacó al Emperador Amarillo y acabó decapitado por éste. El Emperador llevó entonces la cabeza cortada al monte Changyang, donde la enterró. Pero el decapitado Xingtian, sirviéndose de sus pezones a modo de ojos y de su ombligo a modo de boca, retomó su hacha y su escudo y se puso a blandirlos más." 



       Es importante señalar que R. Mathieu es de la opinión de que "este gesto de retomar las armas y blandirlas más no debe interpretarse como signo de que el Incompleto desea seguir luchando, sino como señal de victoria y alegría, pues —sostiene dicho autor— 'la danza que se hace con un escudo y un hacha es una danza de la victoria sobre las fuerzas del mal'."

Versión moderna de Xingtian



Tomado de: Gabriel García-Noblejas Sánchez-Cendal. (ed.) (2004). Mitología china clásica. Madrid: Trotta y Edicions de la Universitat de Barcelona.