martes, 22 de enero de 2013

Poesía del Antiguo Egipto: Texto de la Pirámide de Teti




"Pronunciación 350
Cámara del sarcófago, pared Oriental
(Plegarias del rey a la diosa de los cielos -- Nut)

¡Oh tú, que buscas lo inmenso con tu paso,
Que siembras estrellas como esmeraldas, malaquitas y turquesas!
¡Tú eres verde (como la luz de las estrellas), verde como es Teti,
Verde como un junco viviente!"






(Miriam Lichtheim señala en su antología --vol. I, pág. 41-- que la espléndida imagen de la diosa celestial sembrando estrellas, cuya luz se creía verde, junto con la imagen de una planta verde como símbolo de la vida, hacen de esta breve plegaria una 'gema poética').



Tomado de: Josep Soler (ed.). (1993). Poesía y teatro del Antiguo Egipto. Una selección. Madrid: Etnos. 

jueves, 17 de enero de 2013

El Imaginario Egipcio: el AJ






      El término Aj suele traducirse como "espíritu". Es el resultado de la unión del ba y el ka, dos elementos del ser humano imprescindibles para su supervivencia después de la muerte. Ninguno de estos conceptos es de fácil comprensión en la actualidad, pero forman parte de la esencia divina del individuo. El ka es el principio vital, el soplo de la vida insuflado por los dioses. Algunos autores sugieren que podría albergar la personalidad, o los rasgos de la personalidad, hasta el punto de considerar que la raíz ka ha llegado a nuestros días en las palabras "carácter" o "carisma". El ba suele equipararse erróneamente al alma, aunque no tiene nada que ver, pues se desarrolla a lo largo de la vida y se nutre de la experiencia diaria del individuo, por lo que contiene todos sus actos, incluidos los pecados, y será juzgada en la Sala de las Dos Verdades. No hay duda de que son complementarios. Ambos se separan cuando la persona muere, pues el ba es activo y el ka, pasivo, y se unen de nuevo en el Aj (o akh en otras lenguas europeas) cuando llega el momento de ascender al cielo.

      El Aj es representado como una cigüeña, una grulla o un ibis crestado, animales que viven en las llanuras del delta, entre la tierra y el agua. Hay quien considera que la entrada del Aj en el cielo como la esencia divina del individuo ha sobrevivido en la imagen de la cigüeña portando una vida nueva.

      El término Aj se convirtió en la raíz de otras muchas palabras, por ejemplo ajet, que significa horizonte, ajet-ajet, que se refiere a las estrellas en el cielo o Ajenatón, que quiere decir "beneficioso para Atón". (cf. Lambert, 2004).



      Para Franco, el Aj es el principio luminoso e inmortal que forma parte integrante del individuo. Las Aju son entidades sobrenaturales en las que se pueden manifestar los dioses o los muertos. (cf. Franco, 2000).  En cambio, para Florence Dunn Friedman, el concepto de Aj parece que no guarda ninguna relación intrínseca con el ave que lo representa, el ibis crestado, con lo que propablemente sólo mantuviera un vínculo fonético. El significado esencial de Aj era 'efectividad', tanto en los asuntos cotidianos de la vida como después de la muerte. En la vida de ultratumba, Aj designaba a un difunto transfigurado que, siendo capaz de moverse sin estorbos y de llevar a cabo todas las funciones físicas, era en efecto un difunto. A diferencia de las formas de ba y ka, se identificaba a menudo al individuo aj con la luz.

      En la esfera funeraria, Aj indicaba al difunto que se convertía en un ser efectivo por haber tenido las ofrendas apropiadas y haber sabido los ensalmos adecuados. Una persona fallecida se convertía en un aj después de ser enterrada según un rito fúnebre que hacía que el difunto se transformara en un aj, y que, ya desde la época del Período Dinástico Temprano, era ejecutado por un sacerdote sejen-aj ("un buscador del aj"). La fuente divina de la transformación en un Aj era invisible, reflejando así lo que Karl Jansen-Winkeln en 1996 calificó de una efectividad del Aj invisible, siendo su naturaleza oculta parte de su poder.

      En la esfera de los vivos, Aj normalmente se refería a 'la efectividad' de faraones, funcionarios o ciudadanos que actuaban en nombre de sus dioses, monarcas, señores u otros. Los miembros de todos los estratos sociales podían ser efectivos como Aj o tenían la posibilidad de llevar a cabo acciones o hazañas con la efectividad del Aj; no se trataba únicamente de hechos gloriosos o útiles,como a menudo se ha interpretado, sino de actos concretos que afectaban a la eternidad.





      Prácticamente en todos los períodos de los textos securales y religiosos del antiguo Egipto, el concepto de Aj operaba en una relación recíproca entre dios y faraón, entre padre e hijo. En los textos de las pirámides, el faraón en su forma de Horus se convertía en Aj a través de su padre, Osiris, del mismo modo que Osiris se convertía en Aj a través de su hijo Horus: "Es a través de ti [Osiris] a través de quién él [Horus] se ha convertido en aj". En un texto de los sarcófagos, el hijo se convertía en aj por el padre, y el padre por el hijo. En el Libro de los Muertos o Libro para salir al día, uno incluye al otro "de modo que así pueda ser un aj". La misma reciprocidad aparece en la literatura no funeraria: Ajenatón (o Akhenatón) se proclamó "hijo de la eternidad, descendiente directo de Atón [su padre] (el disco solar), aj para aquél que es aj para él".

      Unas nociones cósmicas primordiales del poder luminoso eran afines al concepto de Aj. Es objeto  de controversia si el concepto de efectividad del Aj era una proyección de los asuntos cotidianos y pragmáticos en la esfera cósmica, o viceversa. Gertie Englund se decantó por la segunda tesis y consideró que el significado original de Aj era una forma de poder creativo primordial relacionado con el nacimiento de la luz. De hecho, el Aj a menudo denotaba formas de luz real --como por ejemplo, las estrellas circumpolares (especialmente en los textos de las pirámides), el ojo solar y los rayos del Sol-- todas ellas formas intensificadas de la efectividad celestial; la luz del sol es una efectividad por excelencia, pues la luz, según aparece en los textos funerarios, alumbra y mantiene la creación todos los días.




      Las asociaciones luminosas del Aj se reflejaban en el entendimiento del difunto como Aj, que sería transfigurado en luz. Según los textos de los sarcófagos, el difunto decía "Re hace [distintas cosas] por mí y su aj está en mí" y "del mismo modo que todo aj conoce el nombre del brillante Sol, él conoce el suyo propio". En el Libro para salir al día se afirma que Re (o Ra) consideraba que ese Aj era él mismo, por lo que puede interpretarse que el difunto como Aj era los mismísimos rayos de Re. De este modo, el Aj se convertía en Re y en su emanación de luz, y por lo tanto en creador y en creación a la vez (cf. Bedford, 2003).


Tomado de: Lambert, Teodoro G. (2004). Dicccionario de los dioses y mitos del Antiguo Egipto. Barcelona: Océano; Franco, Isabelle. (2000). Pequeño diccionario de mitología egipcia. Barcelona: José J. Olañeta, editor; y Donald B. Redford (ed.). (2003). Hablan los dioses. Diccionario de la religión egipcia. Barcelona: Crítica. 


El Imaginario Egipcio: el BA




       El ba es el elemento del ser humano erróneamente llamado o traducido como 'alma', que se desarrolla a lo largo de la vida, se nutre de la experiencia, acumula todos los actos de la persona, incluidos los pecados, y surge después de la muerte como elemento activo y complemento del ka, principio de la vida y germen de la personalidad, con el que se fusiona para dar lugar al Aj, manifestación espiritual del ser humano, en el momento de ascender al cielo junto a Ra. Junto con el ka, el cuerpo físico, la sombra y el nombre da existencia al individuo. Algunos autores consideran, sin embargo, que los elementos del ser humano son nueve, y añaden el corazón, la magia, la energía sejem y una complicada forma de la eternidad que define los límites de la propia psique.

      Desde el Imperio Nuevo se considera que el ba contiene el comportamiento de la persona, es decir, su personalidad, y todos sus actos de vida, y por tanto ha de ser juzgado en el Mundo Subterráneo. Llega al inframundo con todos los pecados comentidos en vida y debe librarse de todas las manchas, la primera de las cuales es el nacimiento, que le permite entrar en contacto con la materia, fuente de los peores instintos.

      En los jeroglíficos que aparecen en las tumbas se representa como un pájaro, que puede ser un ave pequeña, un halcón o una cigüeña con cabeza de hombre que lucha por librarse de las manchas terrenales. En algunos casos, debe luchar contra la tierra, simbolizada por una serpiente, y ascender una montaña para llegar al cielo, o subir por una escalera hecha con los rayos del sol. Para recuperar su pureza debe hundirse en el agua primordial que aparece en el límite del mundo subterráneo. En todo caso, deberá comparecer ante un tribunal en el que pueden estar presentes la diosa Tefnut; Maat, la justicia, y el fiscal Shu, dios del aire, que pasará el alma (en particular su corazón o leb) y le obligará a hacer un examen de conciencia, en una versión tardía de la pesada del corazón en la Sala de las Dos Verdades. Precisamente, la dificultad para definir los elementos del ser humano viene de su evolución a lo largo de los siglos. Si pierde, el alma será destrozada por el monstruo de la materia, como Ammut devoraba el corazón. Si gana, será admitida por Nut en el cielo, donde vivirá eternamente, unida a su ka, convertida en una estrella.





      Versiones más sobrias nos muestran al ba como una fuerza que sólo aparece después de la muerte y que goza del don de la movilidad, contrariamente al ka, que permanece fuertemente ligado al cuerpo físico. Precisamente, una de las funciones del ba sería acercarse a las mesas de las ofrendas donde están situados los alimentos, y llevarlos hasta el ka, que los necesita para seguir existiendo.

      En el momento de la muerte, el ba tiene libertad para ir adonde quiera. Viaja durante el día al cielo, y por la noche vuelve al cuerpo para descansar. Sale de la tumba a través de la llamada 'Estela de la falsa puerta' y visita la tierra donde ha vivido el difunto. Pero a pesar de su independencia, necesita del cuerpo del difunto, y por eso debe volver a él.

      Como sucede con el ka, dioses, tumbas, pirámides y animales divinos tienen su propio ba. En la ciudad de Heliópolis, el ave fénix, Benu, era llamada 'ba de Ra'; en Menfis, el toro Apis era considerado la manifestación del 'ba de Ptah u Osiris'; y Osiris era considerado el 'ba de Ra'. Asimismo, los cuatro hijos de Horus era considerados los bas del dios halcón. En algunas ilustraciones, el halcón ba viaja con la barca solar o saludando al Sol, y en el Libro de los muertos aparece remolcando la barca durante su travesía nocturna (cf. Lambert, 2004).

      Para Isabelle Franco, el ba suele representarse como un ave con cabeza humana y es uno de los componentes de la parte espiritual de los hombres y de los dioses. El término en sí se escribe indistintamente con el signo del ibis o con el del carnero. Representa la energía de desplazamiento, de comunicación y de transformación inherentea cada individuo. Permite establecer un vínculo entre el mundo invisible en el que evolucionan fuerzas divinas y difuntos, y el universo sensible. Los muertos pueden precisamente, gracias a su ba, desplazare en la tumba pero también fuera de ella y es gracias a su ba cómo una divinidad puede habitar la imagen en que se le rinde culto (cf. Franco, 2000).




      Manfred Lurker señala que Horapolo tradujo la palabra ba por 'psique', pero que, sin embargo, dicho vocablo griego tenía muy poco que ver con la concepción clásica del alma. Comenta que en los textos religiosos más antiguos, algunos dioses anónimos eran simplemente descritos como bas, y que luego la palabra empezó a usarse como sinónimo de la manifestación de un dios. Pero aclara que también hay casos en que un dios era la manifestación de otro, por ejemplo, cuando se llamaba a Osiris el ba de Ra. Con respecto al faraón, el término ba se refería a su poder autoritario y, en última instancia, divino. A fines del Imperio Antiguo, el término ba (o bai) se aplicaba a todos los individuos; se convirtió entonces en portador de poderes imperecederos. (cf. Lurker, 1991).



       Siguiendo a James P. Allen, en algunos aspectos el ba fue entendido, al parecer, desde el punto de vista de un observador más que desde el del individuo con el que se le asociaba, personificando la idea que imprimen los individuos en el mundo que les rodea o los efectos que ejercen sobre los demás. Esta faceta del ba queda recogida en un término abstracto, bau (b3w), que significa algo así como 'impresionabilidad' 'efecto' o incluso 'reputación'. De este modo, las acciones del faraón contra los enemigos de Egipto o la intervención de los dioses en los asuntos humanos suelen denominarse el bau de sus sujetos activos. El propio ba parece haber sido una propiedad exclusiva de los seres humanos y de los dioses, pero la noción de bau también aparece asociada con objetos que, de no ser por él, serían considerados inanimados. En su advertencia sobre la apropiación indebida de grano, las Instrucciones de Amenemope, por ejemplo, previenen que 'la era de cebada es mayor en bau [es decir, que tiene un efecto mayor] que el juramento de un monarca'.

      Como el alma, el ba parece haber tenido esencialmente un carácter no físico. A diferencia de ella, sin embargo, podría interpretarse como una forma física separada de existencia del individuo, incluso con anterioridad a la muerte de éste. Todo fenómeno en el que podía detectarse la presencia o la acción de un dios, era susceptible de ser considerado el ba de esa Divinidad, por ejemplo, el Sol en su calidad de ba de Ra (o Re), o el toro Apis en la de ba de Osiris.

      También podía considerarse, como ya se ha señalado, a un dios el ba de otro. Esto sucedía particularmente con Ra y Osiris, que se unían todas las noches en las profundidades del Duat (el Más Allá), fusión en la que Ra recibía la fuerza regeneradora y Osiris era resucitado en Ra; la combinación de estas dos divinidades se llamaría en ciertas ocasiones "Él, el de los dos bas". Al igual que los dioses, el faraón también podía estar presente como ba en otra forma de existencia; a menudo se llamó a las pirámides del Imperio Antiguo los bas de sus dueños y a veces los altos funcionarios ostentan nombres que los identifican como el ba del faraón, tales como "Izezi es Su ba" (en conmemoración de un monarca de la Dinastía V).





      En los Textos de los Sarcófagos del Primer Período Intermedio y del Imperio Medio, el difunto aparece como el ba de varios dioses, pero también como su propio ba, con las capacidades físicas de un cuerpo vivo. Este último concepto también queda reflejado en el Destino del que se habla en la Tumba de Paheri, perteneciente a la Dinastía XVIII, en El-kab: "al convertirme en un ba viviente y tener control sobre el pan, el agua y el aire".

      Al mismo tiempo, sin embargo, el texto de Paheri también afirma que "tu ba no abandonará tu cadáver", una evocación de los textos de los sarcófagos, que dicen: "mi ba no puede ser separado de mi cadáver". Esta relación aparece ilustrada en el Libro para salir al día (más conocido como Libro de los muertos) del Imperio Nuevo, en el que se muestra cómo el ba no sólo regresa a la momia y se cierne sobre ella, sino también su participación en actividades que se llevan a cabo fuera de la tumba. Esta visión de la vida de ultratumba, que aparece en los textos más antiguos de las pirámides, está basada en el ciclo solar diario. Como el astro rey, el ba se reúne todas las noches con Osiris --encarnado, en este caso, en la momia--, y a través de esa unión se le permite renacer cada día entre los vivos en una forma nueva de existencia incorpórea. La representación del ba como un ave con cabeza humana fue adoptada por la civilización meroítica de Sudán, en estatuas de sus difuntos, principalmente como figuras humanas con alas de pájaro. (cf. Redford, 2003).



Tomado de: Lambert, Teodoro G. (2004). Diccionario de los dioses y mitos del Antiguo Egipto. Barcelona: Océano; Franco, Isabelle. (2000). Pequeño diccionario de mitología egipcia. Barcelona: José J. de Olañeta, editor; Lurker, Manfred. (1991). Diccionario de dioses y símbolos del Egipto Antiguo. Manual del mundo místico y mágico de Egipto. Barcelona: Índigo, y Donald B. Redford (ed.) (2003). Hablan los dioses. Diccionario de la religión egipcia. Barcelona: Crítica. 

El Imaginario Egipcio: el KA




       El ka es uno de los elementos más importantes del ser humano, ya que es el principio de la vida. Es el 'soplo divino' que nos permite existir como individuos. Cuando Jnum el alfarero modela un ser nuevo, le insufla vida al cuerpo uniéndolo con el ka. Por su parte, Ra tiene catorce kas que le ayudan a dotar de vida a toda la humanidad, y es quien otorga su propio ka a todos los seres vivos, dioses y seres humanos, de modo que todo aquello que esté representado por un dios, sean templos, tumbas, ríos o montañas, poseen el ka del dios, es decir, una parte del creador, porque todos los ka son partes de la unidad primordial que les ha dado lugar. Se ha llamado al ka el 'doble espiritual' del hombre. Algunos autores consideran al ka como el carácter o la personalidad que nace con uno mismo, en contraposición al ba, que se forma a lo largo de la vida. Otros consideran que el ba es un simple mensajero y que hay dos kas, uno más elevado, que contiene la esencia del individuo, y otro más bajo, que se forma a lo largo de la vida, con la experiencia cotidiana.
      El ka se representa como dos brazos que se doblan hacia arriba en ángulo recto y que terminan en dos manos abiertas y los dedos juntos mirando al cielo. Tal vez la imagen más representativa sea una estatua del Museo de El Cairo llamada 'Ka de Auibra', un rey de la dinastía XIII que aparece en la lista del papiro de Turin.
      Cuando una persona muere, el ka permanece con su cuerpo, inmutable, necesitado de comida y bebida como si tuviera una encarnadura que mantener. Puesto que en ese momento de la existencia es el ba el que adquiere la libertad, éste se encarga de proveer al ka de los alimentos diarios. Si el ba es considerado un alma pura en el juicio de la Sala de las Dos Verdades, se unirá al ka y de ambos emergerá el espíritu del ser humano, el Aj, que será quien ascienda a las alturas para situarse junto al creador.



      El ka ya existía antes del nacimiento del individuo, como parte del dios, y seguía existiendo después de su muerte, aunque podía morir, y en ese caso volvía a formar parte del dios y la persona desaparecía para siempre. Algunos autores consideran que el ka es lo que los demás ven de uno mismo, la imagen pública del individuo y por lo tanto uno mismo puede ver su propio ka reflejado en un espejo. Puesto que eran prácticos, los egipcios consideraron que si se hacía una estatua de una persona, de lo que se veía de él, esta imagen conservaba su ka y por lo tanto lo hacía pervivir aún después de muerta la persona y corrompido su cuerpo, de ahí la construcción de estatuas de madera en los funerales. Pero aún era mucho mejor momificar el cuerpo y conservar su ka en su interior, mientras el ba iba y venía entre el mundo subterráneo y el mundo de los vivos a la espera de la salvación.
      Puesto que el ka era un símbolo masculino, los egipcios crearon una versión femenina denominada Hemsut, que se representa como una mujer arrodillada con un niño en brazos o un grupo de mujeres si lo que se representa son varios kas. Es una deidad menor que sólo tuvo importancia en Sais, donde la diosa creadora era Neit. (cf. Teodoro G. Lambert, 2004).





Según Isabelle Franco, el Ka es el elemento principal de la parte invisible que constituye la personalidad de todo individuo y que representa el doble inmaterial del yo. Nace con un cuerpo, y crece y se desarrolla al mismo tiempo que él. Tiene una relación íntima con los alimentos y es él el que aprovecha las ofrendas después de la muerte. Encarna las fuerzas vitales del individuo. El término ka, cuyo jeroglífico se escribe con un símbolo formado por dos brazos levantados, designa también las vituallas. Los dioses, a imagen de los hombres, estaban también provistos de kas, pero podían poseer muchos (hasta catorce en el caso de Ra). Sólo el ka regio se representaba como un ser humano, sobre todo en las escenas de teogamia. (cf. Isabelle Franco, 2000).

Para Manfred Lurker, el ka designaba las fuerzas vitales creativas y preservadoras. En las épocas más antiguas se refería particularmente a la potencia masculina (hecho que subraya también la identidad fonética con la palabra ka = toro), pero significó también el poder intelectual y espiritual. (cf. Manfred Lurker, 1991). Siguiendo a Andrey O. Bolshakov, el conjunto de ideas relacionado con el ka es uno de los más importantes en la religión egipcia. Como en las culturas europeas no existen conceptos análogos a dichas ideas, es imposible traducir de un modo apropiado la palabra k3 e identificar su concepto con otros que nos resulten más familiares. Las interpretaciones del ka son numerosas, ambiguas y normalmente poco satisfactorias, y abarcan desde su identificación con el término latino genius hasta una analogía con 'maná'.

      Su transcripción en jeroglífico consistía en dos brazos extendidos, considerado generalmente un símbolo del abrazo (o protección) a un hombre de su ka, aunque son posibles otras interpretaciones. Debe establecerse una distinción entre el ka interno y el externo, así como entre el regio y el humano, pues estos conceptos eran cualitativamente distintos.

      La idea de que había algo que permitía a los hombres llevar a cabo sus actividades físicas y mentales surgió en tiempos prehistóricos tanto en Egipto como en otros lugares. El ka (el ka interno) era una de esas entidades. Su naturaleza aparece reflejada en numerosas palabras derivadas de la misma raíz: k3j ('considerar', 'pretender'), k3.t ('pensamiento'), nk3j ('considerar'), k3j ('hablar'), k3.t ('vagina'), bk3.tj ('testículos'), nkj ('copular'), nkjkj ('fecundar'), bk3 ('estar preñada', 'impregnar'), nk3k3 ('buena condición de la carne'). Términos como hk3, hk3.w ('magia', 'conjuros mágicos'), hk3j (), hk3j ('hechicero') y hk3(w) ('dios Heqa, personificación de la magia'), ponen de relieve la esencia del carácter sobrenatural del ka. El papel reproductivo del ka es evidente, pero su conexión con el proceso del pensamiento no está tan clara. Por norma, la mente estaba relacionada con el Ba (como se pone de manifiesto en la Disputa de un hombre con su Ba, donde se describe la confusión de pensamiento en forma de un diálogo con la mentada entidad), pero la palabra hmt ('pensar', o 'actuar tres juntos') nos lleva a suponer que también se tenía una idea del pensamiento a modo de proceso trilateral, con el ka desempeñando algún tipo de oscuro papel, junto con el ba. Debido a su papel en el pensamiento, el k3 podía hacer referencia a la individualidad humana como un todo, y en contextos distintos podía ser traducido por 'carácter', 'naturaleza', 'temperamento' o 'disposición'. Como el carácter predestina en gran medida la existencia de un individuo, el k3 significa también 'Destino' y 'providencia'. Eseta utilización del término daría lugar a una tradición de interpretar el ka como una especie de fuerza vital universal, aunque esta idea resulta demasiado abstracta, e incluso los ejemplos citados anteriormente ponen de manifiesto que el significado de k3 era mucho más concreto en cada uno de sus contextos.




     La mente del hombre de la Antigüedad no tardará en adoptar personificaciones. Transformó ese 'motor interno' en un ser determinado. Dicho ser (el ka externo) estuvo asociado originalmente, al parecer, con la placenta (el gemelo de un individuo), y nacía con el hombre. Los etnógrafos han puesto de manifiesto la existencia en África central de asociaciones de carácter sobrenatural de la placenta y el cordón umbilical, pero en Egipto este tipo de nociones se establecieron con anterioridad a partir de unas ideas más elaboradas, y en el Período Dinástico sólo encontramos alusiones a ellas.

      Las escenas del nacimiento del faraón presentan a Cnum (o Jnum) formando al faraón niño y su ka en un torno de alfarero. En los templos de las pirámides del Impero Antiguo encontramos muchas representaciones del ka acompañando al monarca, bien como signo k3 personificado, bien como una forma humana con el signo k3 sobre su cabeza. El jeroglífico k3 contiene el serej con el nombre del faraón formado a partir del de Horus, mientras que el ka propiamente dicho lleva una pluma de avestruz (el símbolo de la armonía del Universo o Maat) en una mano, y un largo bastón con un remate en forma de cabeza del faraón (mdw-spsj) en la otra. De este modo, el ka real queda asociado al nombre formado a partir del de Horus que describe la presencia del dios celestial en la persona del faraón. Esto pone de manifiesto la dualidad de la naturaleza del faraón, en la que se combinan componentes divinos y mortales: la Divinidad se realiza a través del ka. (cf. Donald B. Redford, 2003).


Tomado de: Lambert, Teodoro G. (2004). Diccionario de los dioses y mitos del Antiguo Egipto. Barcelona: Océano; Franco, Isabelle (2000). Pequeño diccionario de mitología egipcia. Barcelona: José J. de Olañeta, editor, Lurker, Manfred. (1991). Diccionario de dioses y símbolos del Egipto Antiguo. Manual del mundo místico y mágico de Egipto, y Donald B. Redford (ed.) (2003), Hablan los dioses. Diccionario de la religión egipcia. Barcelona: Crítica.